domingo, 23 de enero de 2011

A Dublín los boletos...

Después de mucho meditar sobre mi situación y sus posibilidades, he decidido que mi próxima parada será Dublín. Tengo pasaje para el sábado 29, lo que me da casi una semana en Irlanda antes del Barmitzvah. Hasta entonces, estaré en Suiza. Mañana voy a Berna por el día.

Rigi!



Hoy, por primera vez en mi vida, creo, anduve en trineo; en la montaña Rigi cerca de Lucerna. En realidad es mucho más emocionante de lo que uno podría pensar: hay pistas especiales para ello, aparte de las de esquí, en las que uno puede agarrar mucha pero mucha velocidad. Sólo había que cuidarse de no atropellar a los niños chicos -o de que ellos no lo atropellasen a uno más bien, porque bajaban como salvajes- y, claro, de no caer montaña abajo. Afortunadamente, cogí la técnica relativamente rápido, y pude disfrutar las bajadas a una velocidad más que decente para una principiante. Esto, más dos comidas en familia, hicieron del presente un domingo ideal.

sábado, 22 de enero de 2011

Lucerna 3



Son cerca de la 1 de la mañana. Mi segundo día en Lucerna se fue tan rápido. Julian, Christina y las demás personas que habitan la casa este fin de semana -hay dos más que ayer- están acostados ya. Hace un momento, Julian me enseñó una foto que hace año y medio tomara a Don Julio en su café. Con su coquetería habitual, estaba leéndonos -recitándonos más bien- un poema de Neruda. Creo que era "Dónde estará la Guillermina". En realidad no sé si se llama exactamente así, pero estoy casi segura de que era ese poema. En fin.
Antes de eso estábamos viendo una película mientras se cocinaba el pan que hicimos para mañana al desayuno: pan tradicional suizo, hecho de harina, leche y mantequilla -una especie de hallah, o como se escriba, el pan en forma de trenza que se come en shabat-. Quedó bien, para ser mi primera vez amasando algo así. Y la película era "Babel", la del director mexicano. Lo interesante era que no funcionaban los subtítulos en inglés, y la mitad de la película está hablada en japonés y marroquí. Babélica experiencia, sin duda.
Antes que oscureciera estábamos en la ciudad. No sé si ya lo dije, pero mi amigo vive en Adligenswil, que significa algo así como lugar donde vive la realeza, y es un barrio acomodado a las afueras de Lucerna. Hoy bajamos a la ciudad a pie. La temperatura, según dijeron mis amigos, era entre 0 y -5 grados. El trayecto toma alrededor de una hora, y pueden verse granjas con caballos, vacas y manzanos. E, incluso, un monasterio católico -religión mayoritaria, creo, en este cantón-.
Abajo, una banda ensayaba para el carnaval -especie de de ja vu auditivo-. Caminamos, hicimos algunas compras para la casa, comimos castañas atravesando el puente, tomamos café. Cuando volvimos a la casa estaba realmente frío. Hoy conocí al novio de la hermana y al hermanastro de Julian. Todos de lo más agradables. Fue una cena alegre, mitad en inglés y mitad en suizo-alemán. Hay veces, como esta, en que da igual no entender palabra, en que uno entiende sin entender.

viernes, 21 de enero de 2011

Lucerna 2


Qué puedo decir: en este punto del viaje me siento realmente bien. Hospedada en casa de la familia de mi amigo, compartiendo con él y Christina -su novia, amiga también: ambos estuvieron en mi casa en Santiago hace como un año y medio-. Aquí soy, en resumen, bienvenida.
Mi día fue más o menos el siguiente: en Basilea me recogió Julian, y luego tomamos el tren a Lucerna. Por la ventana pasaban pueblos, árboles, montañas, lagos, todo cubierto de nieve -incluso algún laguito casi congelado-. Durante una hora de trayecto, en un inglés -por fortuna- cada vez más fluido, nos contamos parte de lo que habían sido nuestras vidas este último tiempo: él está terminando el máster en periodismo, trabajando en un proyecto de lo más interesante.
Ya en Lucerna, que me recibió nevando, nos sentamos en un café muy lindo cerca del río, y luego caminamos un poco por sus calles del mil quinientos. Fue curioso recorrerlas un día normal: hasta ahora, sólo tenía la imagen del carnaval.
Luego nos vinimos a la casa, que queda a las afueras, y lo normal: hablar, trabajar un poco (él solamente, claro), conocer a la hermana, cocinar y comer con la familia, ver una película, esperar la llegada de Christina (quien encontró la edición del Réplica "cercana a la perfección"), seguir hablando un rato más, e irse a dormir.
(No deja de ser raro que el regalo estándar para todos los que me hospedarán en este viaje sea el libro de alguien que debió haber estado aquí pero no está, y que preferiría no recordar, o al menos no tanto... en fin, es un bonito regalo después de todo)

Lucerna 1


Escuchando jazz en casa de Julian, planeando el curso de las próximas semanas -después de todo, estamos en Suiza-.
Desde mi ventana se ve el bosque nevado. Son las 6 de la tarde, noche cerrada por estos lados.
(La foto es del centro de Lucerna)

jueves, 20 de enero de 2011

Tomando el avión a Suiza


Mi amigo me espera en el aeropuerto de Basilea y recuperé horas de sueño, así que, a pesar de que son casi las 4 am hora de Chile y tengo que salir al frío, está todo muy bien...

Madrid

He llegado a Madrid, después de al menos 10 horas de insomnio, con la tv que no funcionaba y sin que mis neuronas consiguiesen leer, sentada junto a un tipo calvo que viajaba por una beca en la Universidad Autónoma. Sí, conversamos algo, lo justo y necesario: no concibo estar 13 horas al lado de alguien, ni hablar de dormir, sin saludar, sin averiguar ciertos datos mínimos que permitan cierta tranquilidad. En este caso, el asunto fue más allá y terminamos hablando, no me pregunten cómo, de la función social del arte. Cosas que ocurren. Como haberme encontrado con un compañero de colegio en la cola para abordar al avión -él trabaja en el aeropuerto-, el mismo al que saludé en el metro hace unos meses, cuando iba yo a donar sangre para mi abuelo. Sincronías de la vida, me dirán. Yo prefiero llamarlas meras casualidades.
A la salida mi cerebro se parecía a una sala de espera -llegaban fragmentos de conversaciones cruzadas, interferencias de vario tipo, trozos de texto inidentificables, imágenes conocidas que no alcanzaban a cuajar en recuerdos, y una sensación pesada, soporífera, en fin-. Ahora mi cerebro se parece a la sala de computación del hostal donde me quedo: con luz artificial en pleno día, en un tiempo que no es el tiempo de mi reloj, el OK Computer de fondo, intentos fallidos de comunicar algo a alguien, a alguienes, a no se sabe quién. Son las 4:30 de la tarde, pero a la vez son las 12:30, y a la vez no es ninguna de las anteriores. Supongamos -esperemos- que todo esto sea efecto del poco sueño, los muchos trámites y malos ratos de mis últimos días en Santiago. De lo contrario, os garantizo un blog altamente inconexo y aburrido...
En fin, creo que es mejor que salga a pasear o me vaya a dormir, por mi bien y sin duda por el de ustedes: me estoy tomando una "licencia para latear" que ciertamente no me corresponde. Madrid está bella, como siempre, y no hace tanto frío como temí.
Hasta pronto.